El Mundo Chino de Jacques Gernet


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1 ARCHIVOS MARIO ARRUBLA / COLABORACIONES APROXIMACIÓN A CHINA El Mundo Chino de Jacques Gernet --Reseña por Ramiro Montoya-- El sociólogo e historiador francés Jacques Gernet murió en marzo de 2018, dejando una docena de libros publicados, principalmente El Mundo Chino, obra de extraordinario valor que hoy queremos recomendar a los lectores de Archivos Mario Arrubla, en homenaje a la memoria del autor y como una aproximación al pasado, presente y futuro de China y del mundo oriental. Jacques Gernet, nacido en 1921, alcanzó a cumplir 96 años, una larga vida que lo consagró como el más erudito sinólogo y orientalista de Francia y Europa. Había fundado y dirigido, en la Universidad Paris-VII, la Unidad de enseñanza e investigación de lenguas y civilizaciones de Asia Oriental. La más importante de sus obras, El Mundo Chino, ha sido traducida al mandarín y a las más importantes lenguas europeas, y es una referencia obligada en todo estudio sobre China antigua y moderna. Fue publicada en 1972, con ediciones posteriores en francés y en traducciones que incorporan notas de actualización hasta el año Esta obra, escrita con un estilo narrativo, puede entenderse también como un manual que utiliza diversas vías para entrar en tan vasta temática. Despliega máxima claridad de exposición, maneja una valiosa e interminable documentación y entrega al lector la más completa y atractiva síntesis de una historia que empieza en el neolítico y se extiende por más de años. Los críticos han dicho de este gran trabajo de J. Gernet que su mayor logro es abarcar simultáneamente la generalidad y los detalles de la civilización china y entregarlos a los lectores como un todo, seccionado en dinastías, épocas y 1

2 secuencias. Quien se adentre en la lectura de El Mundo Chino está dando el primer paso para cambiar de mentalidad y aceptar que durante más de tres milenios esta nación ha sido el centro del mundo y ha vivido en la creencia de que ese era su sitio en la dinámica de las civilizaciones. Una historia ininterrumpida de años El propósito de J. Gernet es volver a trazar el itinerario histórico de China en lo que tiene de original desde finales del neolítico hasta nuestros días". (Esta cita y las siguientes son sacadas de El Mundo Chino, cuando no se indica otra fuente). En la actualidad, la República Popular China cubre un espacio de km2, lo que significa que es tan grande como Europa. Muchas de sus provincias tienen más territorio que el de Francia, España y Polonia juntas. Su población sobrepasa los millones de habitantes, cifra que duplica la población de la Unión Europea y cuadruplica la de Estados Unidos. La sola la provincia de Sichuan tiene más de 120 millones de habitantes y la conurbación de Cantón es la más grande del mundo, con 54 millones. Su civilización es la única que, habiéndose desarrollado de forma tan independiente de nuestro Occidente, ha dejado una superabundancia de documentos. Ningún país del mundo, antes de los tiempos modernos, ha producido tantos escritos, ya que China, que rebosa de inscripciones, empezó a multiplicar y a producir libros medio milenio antes que Europa inventara la imprenta ( ). Esos libros estaban acompañados, cuando convenía, de ilustraciones, y fueron reproducidos en China seis siglos antes de Gutenberg. Debido a la diversidad de los elementos que han participado en su formación y la han enriquecido y transformado a lo largo de los siglos, la civilización china ha sido, como las restantes grandes civilizaciones de la historia, una creación perpetua ( ); allí donde no vemos más que inercia y repetición, hubo vida y profundos cambios. 2

3 El mundo árabe recibió de ella, entre otras novedades, el papel, la brújula marina y la pólvora, junto con las primeras armas de fuego, inventos que, a su vez, fueron heredados por Europa durante la Edad Media. Las técnicas, testimonio de la evolución de las sociedades, son indisociables del conjunto de las condiciones que han permitido su aparición y difusión. En apoyo de esta afirmación, J. Gernet cita a Francis Bacon para quien la imprenta, la pólvora y la brújula son los tres descubrimientos que, en su orden, cambiaron la faz del mundo, en las letras, la guerra y la navegación. En el campo de la técnica, para ahorrar trabajo humano, el ingenio chino desarrolló además la carretilla, la correa de trasmisión, la manivela, el pedal, la excéntrica y una lista de máquinas automáticas. El pensamiento occidental tiene dificultades para entender el significado de China en la historia de las civilizaciones, porque la considera un estado-nación de orden secundario, mientras ese país se asume como un estado-civilización; y pretende valorarla por su papel marginal en los doscientos años anteriores a 1950 que fueron un período de decadencia y alienación, cuando en realidad su peso histórico y su proyección tienen vigencia y esplendor en períodos más amplios. Decadencia y alienación La visión occidental ha sido que la decadencia china de los siglos XVIII y XIX se debió a que, siendo un pueblo miserable que creía ocupar el centro del mundo y que vivía plagado de supersticiones, se oponía a las nociones de progreso, a las ciencias, la técnica, el espíritu de empresa, las libertades, el universalismo y el cristianismo que los países industrializados querían imponerle. Esa visión, sin embargo, equivale a desconocer el papel de China Imperial en el pasado del mundo, ignorar sus relaciones con Asia Central, India y el Islam, con los que mantuvo durante siglos un intercambio de mercancías, técnicas y religiones sin los cuales los países de Europa no hubieran alcanzado los tiempos modernos. Y equivale también a menospreciar 3

4 un mundo que mantuvo unas características que vinculan la China de hoy con la del pasado. La ignorancia que existe en Occidente sobre la historia china tiene como única excepción los acontecimientos originados por las fuerzas imperialistas que, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, convirtieron las costas y el continente chino en objetivo de dominación, sometiendo un imperio a sus prácticas comerciales, una economía en objeto de saqueos y la mayor población del planeta en un vasto depósito de mano obra barata. A esa alianza para avasallar a China, encabezada por Gran Bretaña y Francia, se unieron Alemania, Portugal y Holanda, y luego Rusia y Japón, países que empezaron por establecer factorías en los puertos y luego pasaron ocupar territorios más amplios con ánimo de permanencia y dominio colonial. Las pretensiones territoriales del Japón sobre Corea, Manchuria, Taiwan y las provincias más ricas tuvieron mayor amplitud y duración que las de los euro-peos, hasta convertir al imperialismo nipón en uno de los protagonistas de la historia china contemporánea, proceso que culmina con su expulsión al final de la Segunda Guerra Mundial y da paso al establecimiento de la República Popular China en Una muestra de la erudición y rigor del libro de J. Gernet es el Cuadro de las acciones de guerra y ocupaciones de los países occidentales y del Japón en China de 1840 a 1887, que describe 25 de esos acontecimientos, previos a otros que el autor llama los años terribles, que son los transcurridos desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. La guerra sino-japonesa de 1894, que culminó en una derrota para China, abre una nueva etapa de desintegración política, social y económica del mundo chino ( ) con consecuencias tan graves en todos los campos que se puede considerar que a partir de esta época China deja de ser dueña de su destino ( ). Este dominio extranjero es sumamente grave, pues se produce en el momento mismo en que los progresos tecnológicos e industriales son más rápidos y en que la economía de China se está desplomando. 4

5 Las indemnizaciones de guerra, la presión militar, las flotas de guerra ancladas en los puertos y listas para intervenir contra los chinos, producen en torno a 1900 la ausencia de toda dirección firme, las divisiones y el desconcierto de los dirigentes y de los intelectuales. La obra de Gernet agrega otro factor a los males sufridos por China. Si China había conocido pocas hambres e inundaciones, las calamidades naturales se multiplican a partir de la primera mitad del siglo XIX, alcanzando una amplitud sin precedentes. Y es que la densidad de poblamiento en las grandes regiones agrícolas, el descenso general del nivel de vida, y la imprevisión e incapacidad de una administración corrupta, se conjugan para transformar en catástrofes los menores imprevistos climáticos. La falta de reservas, la mala organización de los socorros y las dificultades de transporte explican la gravedad de las hambres provocadas por la sequía en China del norte. La mala conservación de los diques y la elevación del lecho de los ríos son las causas de las grandes inundaciones de los años Sequías e inundaciones que producen hambre y muerte en números que se repiten y que hacen historia entre las mayores tragedias humanas: diez, veinte millones de muertos en una u otra región; uno o dos millones en los años de menor incidencia. Sobre el Desmembramiento de China, el autor resume quince acontecimientos en otro cuadro que ilustra al lector y deprime al más valiente. En ese panorama de hundimiento continental la efímera revolución republicana de no es comparable a una revolución burguesa como la Revolución Francesa, porque no hay una burguesía con suficiente influencia, sino que el poder real lo ejercen quienes disponen de las armas, o sea los ejércitos, que en esa época tenían un carácter parasitario. Será gracias a la formación de otro tipo de ejército, desarrollado en simbiosis con las poblaciones rurales, que China se liberará a la vez de la dominación extranjera y de los poderes militares. Esta es la sabia deducción del autor, sacada de los sucesos que vivió China en la primera mitad del siglo XX, después de doscientos años de haber perdido su rumbo. 5

6 Todas las vejaciones son sufridas por el país: el protocolo de los bóxers, los empréstitos que hipotecan los únicos recursos regulares de China, las concesiones de líneas de ferrocarril a los extranjeros, la entrega al Japón de las antiguas posesiones alemanas, ( ) la ocupación de las provincias del noroeste por el Japón para no hablar de las humillaciones cotidianas infligidas a los chinos en su país y en el extranjero. Tres períodos que corresponden a las etapas de la historia política y la actividad intelectual se distinguen claramente en la primera mitad del siglo XX. El primero, de 1900 a 1911, se caracteriza por un esfuerzo de adaptación a las tendencias reformistas, pero los intelectuales siguen siendo herederos de la cultura antigua. El segundo es un período de gran desconcierto por la irrupción de las ideas occidentales a través de los puertos abiertos a los países europeos. El tercero y último se centra en la dictadura de Chiang Kai-shek, que alienta la imitación ciega de Occidente, pero ante la cual China encuentra una respuesta en el surgimiento del marxismo como forma de pensamiento y en la actividad de los primeros comunistas. El arte y la literatura se pondrán al servicio de la revolución, y China parece haber encontrado el camino de la cohesión moral: tal es el diagnóstico de J. Gernet para ese período y los años siguientes hasta el triunfo de la República Popular. La fundación del Partido Comunista Chino Durante la primavera de 1920 llegaron a China los primeros agentes del Komintern, enviados por Lenin desde Moscú, para acelerar la formación de un partido comunista. En Pekín hicieron contacto con los editores de la revista Nueva Juventud, Li Dazhao y Chen Duxin, intelectuales que habían demostrado interés en el marxismo y habían publicado artículos alabando la revolución soviética. Los rusos viajaron luego a Shanghái para la creación de las primeras células y planearon crear otras en Pekín, Cantón y ciudades importantes entre las que no figuraba Changsha, en Hunan, donde estaba Mao Zedong, lo que demuestra que el joven 6

7 Mao no fue tenido en cuenta en ese momento para efectos de la nueva organización. El primer manifiesto del PCCH apareció en Shanghái en noviembre de 1920, pero no hay pruebas de que Mao tuviera conocimiento de él inmediatamente. Este manifiesto era un documento lleno de formulismos copiados de los soviéticos, sin ningún vínculo con las realidades de la sociedad china. Como objetivo último proponía derribar el capitalismo mediante la lucha de clases. Incluía, por supuesto, una huelga general que llevaría a la derrota de los capitalistas y a la dictadura del proletariado. En 1921 llegó a China un comunista holandés, Sneevliet, que actuaba bajo el seudónimo de Maring y que traía instrucciones de hacerse cargo del pequeño grupo creado por los rusos y darle la debida orientación, según los dictados del Segundo Congreso del Komintern que se había reunido en Moscú. Por iniciativa de Maring se reunió en Shanghái el Primer Congreso del Partido Comunista Chino el 23 de julio de 1921, con la presencia de trece chinos y dos rusos enviados del Komintern, en representación de los 53 afiliados que decían tener en toda China. Por temor a la policía, la última reunión se celebró con algunos de los trece convocados, entre ellos Mao Zedong, en un barco que surcaba las aguas de un lago cercano a Shanghái. El modelo soviético Con esos antecedentes, debemos entender que todas las instituciones de la nueva China van a ser copiadas de la URSS, y que el partido comunista era una réplica fiel del bolchevique. La influencia soviética fue muy profunda desde el momento en que se sentaron las bases del nuevo régimen chino: en ambos países los organismos del estado estaban completamente controlados por el partido, omnipresente en la administración de las empresas, en las comunas rurales, fábricas, hospitales, escuelas, universidades, y sobre todo en las fuerzas armadas, la policía y en todo órgano de control oficial. La élite dirigente va a estar formada 7

8 por los miembros más antiguos del partido que ocupan los cargos directivos y los puestos de mayor responsabilidad. Sin embargo, el nuevo régimen chino, bajo la dirección del Partido Comunista, va a tener aspectos profundamente originales, debidos, en buena parte, a la importancia concedida al adoctrinamiento. Triunfo y República Popular Entre los ejércitos parasitarios de la primera mitad del siglo XX va a sobresalir el de Chiang Kai-shek, que tiene sobre sus rivales la ventaja de una sólida organización política, el Guomindang, que imita el partido único del modelo soviético. Chiang Kai-shek goza de una financiación proveniente de los medios bancarios y el mundo de los negocios, así como del apoyo de las naciones extranjeras, que lo consideran como el gobierno legítimo. Este joven e inteligente general tiene dos enemigos contra los cuales va a combatir, respaldado por la burguesía china y los Estados Unidos, que suplen sus gastos. Esos enemigos son las uniones campesinas dirigidas por los comunistas que, a partir de 1930, forman soviets rurales; y los japoneses que en 1932 invaden y se establecen en las provincias del nordeste, Manchuria y regiones vecinas. El combate contra los comunistas le da a Chiang Kai-Shek su orientación política y la lucha contra los japoneses, dentro de los alineamientos de la Segunda Guerra Mundial, le asegura el respaldo de soviéticos y norteamericanos. La derrota de Japón fue bien aprovechada por Chiang Kai-shek porque sus ejércitos disponían de grandes facilidades de transporte para hacerse con la mayor parte de las armas y equipos abandonados por los invasores japoneses. Sin embargo, después de reforzar sus tropas en menor medida con las armas dejadas por los japoneses y con las recibidas de la URSS, los comunistas toman la ofensiva en el nordeste de China, aislando a las fuerzas nacionalistas del Guomindang, lideradas por Chiang Kai-shek, y expulsan a éste del territorio continental, tolerándole que forme un gobierno pro-americano en la isla de Formosa. Los comunistas ocupan regiones y ciudades muy importantes, donde cuentan con el apoyo de la población. Reciben, además, millares de hombres que formaban bajo 8

9 banderas nacionalistas y que se pasan al movimiento revolucionario. En 1948 conquistan todo el nordeste, y en 1949 entran en Shanghái, Cantón y Pekín. Desde esta capital, el 1 de octubre de 1949, Mao proclama la República Popular China. J. Gernet no oculta su entusiasmo por las cualidades del pueblo chino que hicieron posible ese histórico momento: Algunas cualidades chinas resistencia en el trabajo, ingenio, sentido de ayuda mutua y de organización ( ), pero también la pasión y el orgullo de la independencia, el patriotismo de un gran pueblo larga e injustamente despreciado, la esperanza depositada por muchos en el nuevo régimen y, finalmente, la entrega y disciplina de los cuadros, la firmeza y, a la vez, la prudencia con que se hizo frente a la situación. Se ha dicho que el sentimiento nacional ha sido el gran motor de la historia de la China contemporánea. A decir verdad, la fórmula sólo es válida para el último período, el de la lucha contra el ocupante: el patriotismo chino siguió siendo una aspiración impotente, encarnada sobre todo en la juventud de las escuelas y en los intelectuales, mientras careció del único medio que le permitiría expresarse con verdadero peso: un ejército popular independiente de los intereses extranjeros. La unión entre los campesinos y los soldados del Ejército Rojo se forjó durante la lucha contra los japoneses, en los territorios invadidos por éstos. De ahí le vinieron sus fuerzas, sus éxitos y las muy amplias simpatías con que contó el movimiento de liberación. Media un abismo entre la agitación política de los primeros treinta años del siglo XX y la organización de los soviets campesinos. La Larga Marcha Cuando el sóviet de Jiangxi (extensa provincia donde los comunistas habían creado un gobierno de origen popular con una economía igualitaria) se vio cercado por un millón de efectivos de las tropas nacionalistas (o sea, del Guomindang), los revolucionarios deciden organizar la retirada, y el 16 de octubre de 1934 inician la Larga Marcha, integrada inicialmente por aproximadamente hombres. 9

10 La Larga Marcha representó un recorrido de kilómetros durante 370 días a través del interior de China. Las fuerzas armadas del Partido Comunista hicieron ese recorrido huyendo del ejército nacionalista comandado por Chiang Kai-shek. Junto con sus familias y acompañados de campesinos que se les unieron a lo largo del camino, los combatientes en marcha hubieron de franquear 18 cadenas montañosas (cinco de ellas cubiertas de nieves perpetuas) y 24 corrientes de agua importantes. En la batalla del río Xiang, el Ejército Rojo logra romper el cerco nacionalista al costo de bajas, viendo reducida la columna de marcha a sólo efectivos que, debilitados, se dirigen hacia el norte. A pesar de las dificultades de abastecimiento y de comunicación con la población local (ni los soldados entendían sus dialectos, ni la población entendía la ideología revolucionaria), moviéndose en círculos, con avances y retrocesos, lograron alcanzar un destino seguro en la alejada provincia de Shaanxi, localidad de Yenan, cerca de la Gran Muralla. Durante esos años 1934 y 1935, Mao Zedong ascendió en la jerarquía comunista, gracias a su actividad dentro y fuera del partido, imponiendo su estrategia militar, su ideología partidista y sus prácticas de adoctrinamiento. Al final de la Larga Marcha pudo reagrupar los ocho o nueve mil hombres que habían sobrevivido y se convirtió en jefe indiscutido en cuanto a la organización, pero sobre todo el principal ideólogo en la formación de las masas y los dirigentes. Una interpretación entre las muchas existentes sobre el significado de la Larga Marcha es la de Jonathan D. Spence, que difiere de la versión partidista de los chinos: La Larga Marcha, presentada posteriormente ante el mundo como una de las grandes gestas de la historia del comunismo, acabó siendo una pesadilla de dolor y muerte. La guía marxista 10

11 Los análisis que hace J. Gernet de la relación entre la opresión que sufrió China como país semicolonizado y el sistema capitalista generador del imperialismo son de gran profundidad y acierto, cualidades de historiador y pensador que Gernet extiende a la crónica de la aparición del marxismo como teoría que va a señalar el camino a seguir. La introducción del pensamiento marxista es obra de un pequeño grupo de intelectuales que enfocan bajo una nueva luz la antinomia del culto al individuo, la intolerancia religiosa, la ganancia por la ganancia y la libre empresa frente a las tendencias profundas del mundo chino. Por su negación de toda realidad trascendente el marxismo da la impresión de coincidir con una de las constantes del pensamiento chino ( ). De todas las filosofías occidentales, el marxismo es sin duda la menos alejada de las orientaciones generales del pensamiento chino. A esto Gernet agrega que el comunismo deja entrever una posibilidad de acción y proporciona un modelo revolucionario análogo al de las sociedades secretas chinas, presentes en todos los momentos cruciales de la historia de ese país. Pero el comunismo tuvo que adaptarse en China a condiciones muy particulares: las de un inmenso país rural, privado de independencia económica y víctima de una terrible depauperación, las de una China medio colonizada en la que el proletariado industrial, demasiado débil y miserable, no podía desempeñar ningún papel decisivo, y también las de una lucha armada que se desarrollaría de forma intensa desde 1927 hasta la victoria final de El pensamiento de Mao En la metodología de J. Gernet la ideología se impone sobre el carácter personal o los rasgos físicos de las personalidades que influyen en los cambios históricos. Es el caso de Mao Zedong, que en las páginas de El Mundo Chino no ocupa más que un par de renglones con nombre propio, pero que es enfocado por su pensamiento y la forma como su ideología dominó la escena política del siglo XX: Podríamos decir que, desde 1950, la principal actividad de la nueva China ha sido la propaganda y el 11

12 adoctrinamiento, con un coste material y humano que no se llegará a evaluar jamás, aunque debe ser considerable. Hasta la muerte de Mao Zedong la transformación de la sociedad ha pasado casi siempre por delante del desarrollo económico y de los problemas de gestión. Cómo explicar esta prioridad de la política sobre la economía? La historia del partido comunista chino no puede serle ajena. El Ejército Rojo se implantó en el campo predicando con el ejemplo e intentando convencer, y las asambleas populares donde se instruía el proceso contras los antiguos propietarios ricos proporcionaron sin duda el modelo de una práctica más general destinada a promover la revolución bajo el control del Partido y cambiar las mentalidades. Pero también hay que reservar una parte importante al temperamento y a la influencia de Mao Zedong, así como a algunas tendencias particulares, desde sus mismos orígenes, del partido comunista chino ( ). Estas aspiraciones reposan en la convicción de que todo es posible y de que basta con quererlo. La fe va delante del conocimiento, la opinión del partido delante de la de los expertos. Este voluntarismo era especialmente marcado en Li Dachao (fundador del PCCh); fue también uno de los elementos fundamentales del tempera-mento de Mao Zedong ( ) Estos conflictos degeneraron en una auténtica anarquía durante la Revolución Cultural, momento en que salió a plena luz la contradicción entre la omnipotencia de los líderes al frente del aparato del partido y las aspiraciones revolucionarias de la juventud. Tanto en estos conflictos como en la práctica cotidiana, la utilización del vocabulario marxista es completamente libre, ya que lo que se busca con los términos empleados es expresar un juicio moral sobre el adversario del momento, no traducir un análisis objetivo de la sociedad. A partir de 1950, durante los primeros 25 años de la República Popular, que son los últimos años de la vida de Mao Zedong, la vida de los chinos se vio incesantemente agitada y trastornada por una serie de movimientos destinados a trazar rumbos políticos a la población, para lo cual el Partido hizo uso de todos los medios de comunicación: periódicos, radio, pancartas, grupos de estudio, discusión, autocrítica y puesta en acción. En ese cuarto de siglo se produjeron el Movimiento de las Cien Flores, el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. 12

13 En verdad el libro de J. Gernet es muy parco en juicios conceptuales sobre las decisiones de Mao en este período final de su vida, mientras que los juicios condenatorios abundan dentro y fuera de China. A este propósito consignamos el concepto de J. Spence: Tanto el movimiento de las Cien Flores como la puesta en marcha del Gran Salto Adelante mostraban a un Mao cada vez más alejado de cualquier confrontación directa con la realidad. Sus especulaciones científicas, sus disquisiciones filosóficas y sus proyecciones económicas ( ) parecían ser en principio bastante simples, cuando no ingenuas. El propio Mao parecía cada vez menos preocupado por las consecuencias que se podían derivar de sus decisiones arbitrarias (J.S. pág. 190). Que florezcan cien flores Un soplo de liberalismo recorrió los países comunistas después del XX Congreso del partido comunista de la Unión Soviética. La compleja situación revolucionaria creada dio origen hacia 1957 al movimiento de las Cien Flores, que desembocó en una oleada de acusaciones contra el régimen por la falta de democracia en todos los niveles, por la concentración del poder en manos de los seis miembros del Comité Permanente, por la intromisión del partido en todos los campos y la incapacidad manifiesta de los dirigentes que habían alcanzado las más altas posiciones gracias a su docilidad y adhesión a la ortodoxia. Pero frente a ese desbordamiento de las críticas, que pasaron rápidamente a la agitación y a los motines, la autoridad del Partido fue reafirmada en forma brutal. El breve período de las Cien Flores se cierra, para todos los efectos, con descalificaciones y purgas contra los que habían creído en las proclamas liberalizadoras de los dirigentes maoístas. El Gran Salto Adelante En el período de 1957 a 1961 se presenta un enfrentamiento con la Unión Soviética (donde se había iniciado un proceso de desestalinización que fue visto por Mao 13

14 como una amenaza para su figura de Gran Timonel ), y se establece desde el gobierno chino un desafío en relación con los índices de producción de los países industrializados, que debían ser igualados para poder alimentar una población de más de mil millones. Mao Zedong lanza entonces El Gran Salto Adelante en la industria y la agricultura, como un formidable esfuerzo colectivo para reestructurar las comunidades urbanas y rurales y hacer frente a una burocracia centralista con el arma de una descentralización participativa. Se trataba de realizar en dos años las metas del segundo plan quinquenal y de acceder de golpe a una sociedad socialista modernizada. Fue una expresión del romanticismo revolucionario de Mao y de su fe en la creatividad del pueblo. La excelente cosecha de 1958 alentó las esperanzas de que las metas serían conseguidas, pero los fracasos de los años siguientes implicaron un retroceso que dejó destruidas la industria y la agricultura; y, con el fatídico efecto de años de sequía, los alimentos escasearon hasta traer el hambre a muchas provincias, donde se contaron por millones los campesinos y obre-ros muertos. El libro de Gernet que comentamos admite al menos trece millones de víctimas, pero otros analistas occidentales manejan cifras hasta de 35 millones por la hambruna en que terminó el Gran Salto. La Revolución Cultural A partir del fracaso del Gran Salto Adelante Mao, que en 1963 había cumplido 70 años, empieza a marginarse de los cargos más visibles del poder, pero volverá a conmover hasta sus cimientos la sociedad china con la Revolución Cultural, lanzada para perseguir a los intelectuales, dirigentes y autoridades que él creía que retardaban la revolución y eran aliados del capitalismo. En principio la Revolución Cultural se apoyó en los estudiantes, a quienes el Gran Timonel llamó a encabezar este movimiento enemigo de todas las jerarquías intelectuales y de los valores del pasado. J. Gernet afirma que este período duró más de lo que se cree y que toda la década anterior a la muerte de Mao en 1976 puede considerarse como una prolongación de la Revolución Cultural. 14

15 Un aspecto central de la Revolución Cultural fue el culto a Mao Zedong. Organizado por Lin Biao, este culto tuvo un desarrollo prodigioso y alcanzó, en pocos años, una especie de paroxismo. La difusión de una recopilación de pensamientos escogidos de Mao, el Pequeño Libro Rojo, batió todos los récords de difusión. Pero también la imagen del Gran Timonel, su biografía y sus obras fueron objeto de un verdadero culto. Den Xiaoping: desmaoización y economía de mercado En 1973 Mao había permitido que Deng Xiaoping regresara a los órganos de poder del Partido, de los cuales había sido apartado por la Revolución Cultural. Luego de la muerte de Mao, Deng Xiaoping se convirtió en el líder indiscutido, y cuando alcanzó la plenitud de su poder dio comienzo a la desmaoización y a una transformación radical de la economía y de la vida de China. En 1992 lanzó la economía socialista de mercado iniciada de hecho desde fines de los setenta. Y en 1997, para recibir la retrocesión de Hong Kong y de Maicao, estableció la doctrina practicista de Un estado, dos sistemas. Aliado con Hua Guofeng, sucesor de Mao en la dirección política formal, Deng Xiaoping se impuso en la lucha por el poder y, tras eliminar del aparato del estado a los continuistas, inició una audaz política de reformas bajo el lema de las «cuatro modernizaciones» (agrícola, industrial, científico-técnica y de defensa). Liberalizó la economía china abriendo espacios para la iniciativa privada y para la inversión extranjera. Esto lo obligó a mejorar sus relaciones con los países occidentales, haciendo concesiones en materia de política exterior y libertades para la iniciativa privada, lo cual aceleró el crecimiento económico, mejoró el nivel de vida e hizo aparecer una nueva clase empresarial. 15

16 A partir de 1980, el largo aislamiento de la República concluyó con el ingreso en los organismos internacionales grandes y pequeños, de carácter público y comercial y financiero. Pero su aperturismo no se extendió al terreno político: mantuvo la dictadura del Partido, la restricción de las libertades y la represión de los disidentes y de las movilizaciones de estudiantes que reclamaban la democratización. En los primeros cinco años de su mandato se iniciaron las reformas básicas como la explotación familiar en el campo, la especialización agrícola con fines comerciales, la creación de pequeñas empresas privadas, el restablecimiento del vínculo entre remuneración y producción, el desarrollo de la piscicultura, la arboricultura, la ganadería, y un proceso de urbanización para crear grandes ciudades. Estas reformas se aceleraron a partir de 1984 con la liberalización de la economía en múltiples áreas, buscando la coexistencia de un estado controlado por el omnipresente partido comunista con una economía de mercado. Xi Aunque las actualizaciones del libro de J. Gernet sólo incluyen los acontecimientos ocurridos hasta el año 2000, en esta reseña avanzamos hasta la presidencia de Xi Jinping, que se inicia en 2012 y continúa en la fecha. Y lo hacemos como una invitación a los lectores para que enlacen con la interesante actualidad de China y con el futuro próximo, especial-mente con dos celebraciones que traerán mucha información para los interesados en lo que pasa más allá del mundo anglosajón o ibero-americano: en 2019 se cumplen 70 años de la proclamación de la República Popular China y en 2021 se conmemora el primer centenario de la fundación del Partido Comunista. Desde que Xi Jinping llegó a la cima del partido, del estado y las fuerzas armadas, ha venido consolidando una sólida imagen de líder. Ha impulsado hasta el grado máximo la apertura al exterior y la economía de mercado, iniciadas por Deng Xiaoping. Omnipresente en los medios, Xi ha asumido el papel de rostro tranquilizador de un país seguro de sí mismo y que sueña con un gran 16

17 renacimiento, tras un siglo y medio de declive y de humillaciones sufridas principalmente a mano de los occidentales. Representa lo que los chinos quieren en términos de gobierno: un país bien dirigido, una China fuerte y respetada, observa el sinólogo Jean-Pierre Cabestan, de la Universidad Bautista de Hong Kong. Cuadros, gráficos y resúmenes El enfoque didáctico de la obra de Gernet se comprueba con la abundancia de cuadros, gráficos, mapas y otras ilustraciones que facilitan a la comprensión de períodos de la historia y procesos coyunturales. Para la época moderna y contemporánea, desde comienzos del siglo XIX, el lector encontrará en los libros noveno, décimo y undécimo las siguientes ayudas: dos cuadros sobre importaciones de opio; un mapa sobre la explosión social de los años ; un cuadro sobre sublevaciones de ; un cuadro sobre los esfuerzos de industrialización de ; un mapa sobre alienación a los extranjeros; un cuadro sobre acciones de guerra y usurpaciones; un cuadro sobre indemnizaciones de guerra impuestas a China; un mapa sobre desplazamientos del río Amarillo en el curso de la historia; un mapa sobre reparto de la población en 1925; un cuadro sobre población china en el sureste de Asia. Como complemento del texto central, la edición incluye un cuadro cronológico de 32 páginas desde el Neolítico hasta el año 2000, notable aporte para la comprensión de la larga historia de China. Recomendación Con esta reseña nos hemos acercado a la historia china contada por Jacques Gernet solamente en los capítulos correspondientes a los finales del siglo XIX, transcurso del siglo XX e inicios del XXI, pequeño tramo de una historia que, como hemos dicho, empieza en el neolítico y abarca tres milenios y medio. 17

18 Entre las fuentes consultadas destacamos dos libros que tiene edición en español: Jacques Gernet, El mundo chino. Traducción de Dolores Folch, Ed. Crítica, Barcelona, 2005; y Jonathan Spence, Mao, Ed. ABC, Barcelona, (Jonathan Spence es profesor emérito de Yale University, director de estu-dios sobre China en Oxford y otras universidades. Ha publicado más de diez obras sobre las sociedades orientales y es autoridad del mundo anglosajón en la temática china). Ramiro Montoya Madrid, noviembre de

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